Por Christian Meza
En México, la desaparición de personas dejó de ser una cifra para convertirse en una herida abierta. En Nayarit, esa herida tiene nombre, rostro… y voz. La de Rosa María Jara, una madre que llegó desde Mazatlán con un sueño: acompañar a su hijo en su formación profesional. Hoy, su historia es reflejo de una realidad más dura: la de miles de familias que buscan a sus desaparecidos.
Su hijo, Alejandro López Jara, tenía 19 años. Estudiaba gastronomía en Tepic. Era un joven cercano a su familia, disciplinado, sin vínculos con actividades delictivas. El 22 de junio de 2017 fue privado de la libertad. Nunca volvió.
El relato de Rosa María no es aislado. Es, en muchos sentidos, el patrón que se repite en México: desapariciones en contextos urbanos, sin explicación clara, con autoridades que tardan en reaccionar o simplemente no actúan.
Aquella tarde, una llamada sin respuesta bastó para encender las alarmas. Horas después, la confirmación: su hijo había sido llevado por presuntos elementos de seguridad. A partir de ese momento comenzó un camino que miles de familias conocen bien: el de la búsqueda… sin garantías.
“No me quisieron tomar la denuncia. Me dijeron que esperara 72 horas”, recuerda.
📊 Nayarit: cifras que crecen en silencio
Aunque Nayarit no figura entre los estados con mayor número de desapariciones, la problemática ha ido en aumento en los últimos años.
De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO):
- En México hay más de 110 mil personas desaparecidas
- En Nayarit se han reportado más de 1,200 casos acumulados
- Solo en los últimos años, la cifra ha tenido incrementos sostenidos
- La mayoría de las víctimas son jóvenes entre 15 y 29 años
Además, colectivos locales señalan que existe un subregistro importante, ya que muchas familias no denuncian por miedo o desconfianza en las autoridades.
La historia de Rosa María revela otro punto crítico: la ruptura de confianza en las instituciones.
Durante la búsqueda de su hijo, junto a otros padres, descubrió indicios que apuntaban a la posible participación de autoridades en desapariciones. Esa sospecha no es menor.
En Nayarit, como en otros estados del país, se han documentado:
- Hallazgos de fosas clandestinas
- Procesos judiciales contra exfuncionarios
- Casos de desapariciones vinculadas a estructuras institucionales
“Cuando supe que había elementos de la fiscalía involucrados, entendí que esto iba para largo”, relata.
👩👦 El nacimiento de las madres buscadoras
Ante la falta de respuestas, las familias hicieron lo que el Estado no pudo —o no quiso— hacer: buscar.
Así nacieron los colectivos de madres buscadoras.
Sin formación previa, sin recursos, sin protección, comenzaron a:
- Recorrer cerros y terrenos rurales
- Aprender técnicas de búsqueda
- Identificar posibles fosas clandestinas
- Documentar casos y presionar a autoridades
Hoy, estos colectivos han sido responsables de una parte significativa de los hallazgos en el país.
“Las fosas se siguen encontrando a pico y pala, no con tecnología”, afirma.
Después de años de búsqueda, Rosa María encontró a su hijo en una de las fosas más grandes localizadas en el estado.
La localización, sin embargo, no significó el fin de la lucha.
Porque encontrar a un hijo no es cerrar una historia. Es abrir otra: la de la justicia.
Actualmente, existe una sentencia de más de 700 años de prisión contra uno de los responsables, pero la madre insiste en que aún hay más implicados.
A casi una década de aquel 2017, el problema no ha terminado.
En lo que va de 2026, colectivos reportan un incremento de desapariciones en municipios del norte del estado como:
- Tecuala
- Acaponeta
- Huajicori
El patrón se repite: jóvenes, contextos cotidianos, desapariciones sin explicación inmediata.
Quizá lo más contundente de esta historia no es la violencia, sino el cambio social que exige.
“Yo también pensaba que esto solo le pasaba a quien andaba en algo malo… hasta que me pasó”, dice Rosa María.
Ese cambio de narrativa es clave.
Porque las desapariciones en México ya no distinguen:
- Clase social
- Nivel educativo
- Lugar de origen
Y porque, como advierten las propias madres buscadoras:
“Nadie está exento.”
Una lucha que busca no repetirse
Rosa María no solo busca justicia para su hijo. Busca que nadie más tenga que pasar por lo mismo.
Su lucha —como la de miles de madres— no es solo personal. Es colectiva.
“Ojalá llegue el día en que los colectivos de madres buscadoras ya no existan”, dice.
Pero mientras ese día llega, ellas seguirán haciendo lo que nadie más ha podido:
Buscar.
Nombrar.
Y recordar que detrás de cada cifra… hay una historia que no debió existir. 💔